
La DANA que golpeó la Comunidad Valenciana a finales de octubre de 2024 dejó imágenes difíciles de olvidar. Calles anegadas, casas destrozadas y negocios arrasados. Durante días, la atención se centró en lo visible: el barro, los daños materiales, la reconstrucción.
Pero cuando la emergencia inmediata terminó, comenzó otra realidad más silenciosa. Algo que no aparece en las fotografías: el impacto emocional.
Meses después, muchas personas seguían viviendo con miedo cuando el cielo se nublaba. Otras tenían dificultades para dormir o convivían con una sensación constante de angustia. Si bien algunos de los afectados podían ponerle nombre a lo que les ocurría —pérdida, tristeza, impotencia—. Muchos otros, simplemente, no sabían cómo poner en palabras lo que sentían.
En ese momento, empezó a tomar forma una pregunta, una cuestión fundamental y compleja de responder: ¿cómo medir aquello que no se ve?
Escuchar a miles de personas, una a una
Para dar respuesta a esta necesidad, se puso en marcha un estudio impulsado desde el ámbito público por la Generalitat Valenciana, a través de la Dirección General de Salud Mental de la Generalitat Valenciana y la Consellería de Sanidad.
El objetivo era claro: comprender el impacto real de la DANA en la salud mental de la población.
Más de 2.200 personas participaron en esta investigación, diseñada para evaluar la presencia de síntomas de estrés postraumático, ansiedad y depresión. Pero más allá de los cuestionarios estandarizados, había algo especialmente importante: dar espacio a que cada persona pudiera expresarse con sus propias palabras.
Porque los datos cuantitativos son esenciales, pero la experiencia humana no siempre cabe en una escala.
Las respuestas abiertas revelaron patrones profundos y compartidos:
- La pérdida, la tristeza y la impotencia aparecían en más del 40% de los testimonios
- El miedo, especialmente a que vuelva a llover, en más del 20%
- La ansiedad, el pánico o las dificultades para dormir, en una parte significativa de la población
La tecnología como puente
Para poder llevar a cabo un estudio de esta magnitud, fue necesaria la colaboración entre distintas entidades. En este proyecto participaron Omniloy junto con Laberit Sistemas, Merlin y ScanVox, aportando conjuntamente la base tecnológica necesaria para llegar a miles de personas de forma eficiente, cercana y respetuosa.
Ahí es donde entró en juego MarIA.
MarIA es nuestro asistente de voz basado en inteligencia artificial diseñado para mantener conversaciones naturales, guiar entrevistas estructuradas y, sobre todo, escuchar.
Durante el estudio, fue capaz de:
- Realizar llamadas telefónicas a gran escala
- Formular preguntas y adaptarse al ritmo de cada conversación
- Resolver dudas en tiempo real
- Recoger tanto respuestas estructuradas como relatos personales
Pero su valor no fue solo operativo.
Gracias a tecnologías avanzadas de procesamiento del lenguaje natural, MarIA permitió:
- Transcribir automáticamente cada conversación
- Estructurar respuestas clínicas de forma fiable
- Analizar el lenguaje libre para identificar patrones emocionales
- Convertir miles de testimonios en conocimiento útil
En otras palabras, MarIA ayudó a transformar conversaciones humanas en información para mejorar la atención en salud mental.
Cuando los datos confirman lo que las personas sienten
Los resultados del estudio evidenciaron que la incidencia de síntomas de estrés postraumático, ansiedad y depresión fue significativamente superior a la prevalencia habitual.
Y junto con ello, se descubrió algo también muy importante.
Y es que el análisis del lenguaje coincidía con los resultados clínicos. Es decir, los patrones emocionales que se detectaron en las respuestas abiertas de las personas estaban profundamente relacionados con sus síntomas.
Este hallazgo abre así, la puerta a: la posibilidad de detectar y anticipar problemas de salud mental a partir del lenguaje cotidiano, planteando un nuevo enfoque con potencial para integrarse en la práctica clínica. Porque, al final, cómo hablamos también dice mucho de cómo estamos.
Más allá del estudio
Este proyecto es también un ejemplo de lo que ocurre cuando las instituciones públicas, como la Generalitat Valenciana, junto con entidades tecnológicas como Omniloy, Laberit Sistemas, Merlin y ScanVox, trabajan con un objetivo común.
No se trata solo de tecnología, ni solo de datos.
Se trata de entender que, después de una emergencia, la recuperación no termina cuando se reconstruyen las infraestructuras. Continúa en las personas.
Escuchar, medir y comprender ese impacto es el primer paso para poder actuar.
Tecnología al servicio de lo humano
En Omniloy creemos que la IA tiene sentido cuando se pone al servicio de las personas. Cuando ayuda a liberar tiempo, a mejorar decisiones o, como en este caso, a escuchar mejor.
MarIA no sustituye a los profesionales de la salud. Pero sí les da algo muy valioso: información estructurada, accesible y basada en la realidad de miles de personas.
Porque no basta con preguntar, lo verdaderamente importante es saber escuchar.





