Hay una escena que se repite en miles de consultas cada día y que casi nunca aparece en ninguna encuesta de satisfacción: el paciente habla, y el médico mira la pantalla.
No es que no esté escuchando. Es que no puede permitirse dejar de escribir. Lo que no anote ahora tendrá que reconstruirlo de memoria más tarde, entre esta consulta y la siguiente, con el pasillo ya lleno de gente esperando. Así que mira al ordenador, no a la persona que tiene delante. Y lo hace, casi siempre, con la mejor intención: para no perder ni un dato, para no fallar después con el informe.
Lo que se pierde entre una frase y la siguiente
En Omniloy llevamos tiempo dándole vueltas a esto, no como un dato de producto, sino como algo mucho más simple: qué se siente al otro lado de la mesa. Cuando lo hemos hablado con los propios equipos clínicos que ya trabajan con nosotros, la respuesta es casi siempre la misma. Los pacientes no recuerdan el diagnóstico palabra por palabra. Recuerdan si el médico los miró, si sintieron que había alguien escuchando de verdad, o si la consulta transcurrió con la mirada puesta en otro sitio.
Hay un dato que nos hizo pensar más de la cuenta, de un estudio de seguimiento ocular sobre cien consultas médicas:
Fuente: Somos Medicina (11 de febrero de 2014). «¿Pasan los médicos demasiado tiempo mirando la pantalla?»
Un tercio no es un detalle menor. Significa que 1 de cada 3 minutos en los que el paciente se siente un poco menos acompañado, y en los que el médico, aunque quiera estar presente del todo, no puede. Y no es solo cuestión de percepción: cada minuto que se va en teclear es un minuto que no se dedica a explorar, a preguntar dos veces si algo no queda claro, o simplemente a dejar que el paciente termine la frase sin que nadie tenga prisa por pasar a la siguiente casilla del formulario.
Lo que realmente percibe el paciente
Probablemente, ningún paciente salga de consulta pensando: «mi médico ha dedicado un tercio del tiempo a mirar la pantalla». Pero sí percibe con claridad las consecuencias de ese tiempo.
Lo nota cuando se queda a mitad de frase porque el profesional necesita terminar de escribir lo anterior. Lo nota en esos silencios en los que el médico teclea y el paciente no sabe si sigue escuchándole del todo. Lo nota cuando tiene que repetir algo que ya había explicado, porque no quedó recogido a la primera. Y lo nota, sobre todo, en esa sensación difícil de medir pero muy reconocible: la consulta ha durado lo mismo que siempre, pero ha parecido más rápida, más fría y menos acompañada.
No se trata solo de tiempo frente a una pantalla. Se trata de presencia, de escucha y de la calidad del vínculo clínico en un momento en el que el paciente necesita sentirse atendido, no simplemente registrado.
Cómo lo estamos resolviendo con SofIA
SofIA nace de una idea muy concreta: «La IA no debería ser una herramienta más que el profesional tenga que aprender a usar. Debería vivir dentro de lo que el médico ya hace, sin pedirle que elija entre escuchar y documentar», resume Mar Pujadas, CEO y cofundadora de Omniloy. La conversación se transcribe y se estructura sola, en tiempo real, con el borrador del informe listo antes incluso de que el paciente se levante de la silla. No porque la máquina escuche mejor, sino para que el médico pueda dedicar esos minutos a lo único que de verdad no se puede automatizar: mirar a la persona que tiene delante.
No lo hacemos porque la tecnología sea más importante que el médico. Lo hacemos justo al revés, porque creemos que el clínico y el paciente son lo más importante que hay en esa sala, y que se merece poder demostrarlo sin tener que elegir entre escuchar y documentar. Por eso el diseño de SofIA parte de una condición que no negociamos: el médico revisa, edita y valida cada informe antes de que quede registrado. La IA propone. La decisión, siempre, es humana.
Al final, todo se reduce a una cosa
Así que si alguien nos pregunta qué hace Omniloy, últimamente respondemos algo distinto a «IA para hospitales». Le devolvemos al paciente algo que nunca debería haber perdido: la mirada de su médico. Y eso, más que cualquier métrica de producto, es lo que de verdad nos importa medir.
¿Quieres ver cómo SofIA devuelve la mirada del médico a la consulta? Habla con nuestro equipo.