Puente con el artículo anterior
Si la IA debe adaptarse a la medicina real, primero hay que mirar dónde se atasca esa medicina.
Lectura anterior: «Cinco preguntas antes de poner IA a trabajar en un hospital»
A 31 de diciembre de 2025, había 853.509 personas en lista de espera quirúrgica estructural en el Sistema Nacional de Salud. El tiempo medio de espera era de 121 días. Para una primera consulta de Atención Especializada, la espera media era de 102 días; el 61,5 % de los pacientes acumulaba una demora superior a 60 días; el indicador incluye también, en esta edición, a quienes seguían sin cita asignada y ya superaban ese plazo.
Son datos contundentes. Y, precisamente por eso, merecen una lectura cuidadosa.
En un vistazo
- 853.509personas pendientes de cirugía
- 121 díasde espera quirúrgica media
- 102 díasde espera media para primera consulta
- 61,5 %de citas a más de 60 días
Una lista de espera no es solo un número. Es una persona que ha recibido una indicación y aún no ha entrado en consulta. Es una intervención que no puede programarse todavía. Es un sistema que debe ordenar recursos, prioridades y necesidades que no siempre caben en una agenda.
Pero hay una segunda lista de espera. No aparece en las tablas del Ministerio. No tiene una tasa por mil habitantes. Y, sin embargo, se forma cada mañana en admisiones, en las centralitas, en las bandejas de tareas y al terminar la última consulta.
Es la espera de quien llama para cambiar una cita y no consigue resolverlo. La de quien necesita confirmar una prueba y recibe respuesta cuando ya no puede atender la llamada. La del profesional que termina de ver pacientes y empieza otra jornada: completar notas, ordenar información, corregir campos, codificar. La de la persona que sale de consulta con una duda práctica y descubre que deberá esperar al horario de mañana para plantearla.
No son listas de espera clínicas en el sentido estricto. No deben confundirse con ellas. Pero sí son tiempos de espera asistenciales. Y tienen un efecto acumulativo: añaden fricción a una atención que, para pacientes y profesionales, rara vez se vive por episodios aislados.
Lo que las cifras sí nos enseñan
Las estadísticas públicas del Sistema de Información sobre Listas de Espera del SNS (SISLE) delimitan bien lo que miden. La lista quirúrgica estructural incluye a pacientes en situación de ser intervenidos cuya espera se atribuye a la organización y los recursos disponibles; la lista de consultas se refiere a quienes están pendientes de una primera consulta en Atención Especializada.
Esa precisión importa. Medir bien evita titulares fáciles y permite comparar la evolución del sistema con criterios comunes.
El informe de diciembre de 2025 muestra, además, diferencias relevantes por especialidad. Para primeras consultas, el tiempo medio era de 132 días en Traumatología, 127 en Dermatología, 109 en Neurología y 107 en Oftalmología y Otorrinolaringología. En lista quirúrgica, Traumatología acumulaba 200.584 pacientes pendientes y una espera media de 137 días.
Dato oficial
El informe SISLE-SNS no mide «toda» la espera sanitaria: mide de forma concreta la espera estructural para intervención y primera consulta de Atención Especializada. Esta distinción es clave para interpretar las cifras.
No es una anécdota estadística: son datos que obligan a mirar los procesos completos. Porque la demora que mide el sistema es crítica, pero no agota todos los lugares en los que se pierde tiempo.
La espera empieza antes de entrar en la lista
Pensemos en una cita que se cancela con poca antelación. Puede liberar un hueco valioso, pero solo si el centro es capaz de detectarlo, contactar con la persona adecuada y gestionar el cambio con rapidez. Si el proceso depende de llamadas consecutivas, horarios limitados y tareas manuales, ese hueco puede quedarse vacío, aunque haya pacientes esperando.
O pensemos en una consulta que ha ido bien desde el punto de vista clínico, pero deja tras de sí información sin estructurar, acciones administrativas pendientes o un seguimiento que debe activarse después. La atención ya ha ocurrido; el trabajo, no necesariamente.
Aquí es donde solemos equivocarnos al hablar de eficiencia. La alternativa no es pedir a los profesionales que corran más ni convertir al paciente en gestor de su propio recorrido. Es identificar las tareas repetitivas, previsibles y protocolizables que hoy consumen atención humana sin necesitarla en todos los casos.
Idea central
No se trata de sustituir el criterio clínico. Se trata de reservarlo para donde sí es imprescindible.
La pregunta no es «¿dónde ponemos IA?»
En el artículo anterior defendíamos que la IA sanitaria no debería obligar a los equipos a trabajar de otra manera para encajar en una herramienta. Debería adaptarse a la medicina real. Esta es la consecuencia práctica de esa idea: antes de hablar de tecnología, hay que observar dónde se está perdiendo tiempo en el recorrido asistencial.
Cuando una organización sanitaria piensa en inteligencia artificial, es fácil empezar por la tecnología: qué herramienta incorporar, qué chatbot activar, qué proceso automatizar. Es el orden equivocado.
La pregunta útil es otra:
Pregunta para abrir la conversación
¿En qué punto del recorrido estamos haciendo esperar a alguien sin que esa espera aporte ningún valor?
A veces la respuesta estará en una llamada de confirmación. A veces, en la preparación de información para la consulta. A veces, en la documentación posterior. A veces, en las dudas administrativas que llegan fuera de horario. Y muchas veces no será un único problema, sino una cadena de pequeñas fricciones que nadie había puesto juntas sobre una misma mesa.
Ese diagnóstico cambia el tipo de solución. En vez de añadir una plataforma más, obliga a diseñar un flujo que se integre con la agenda, el HIS, los canales de comunicación y los protocolos del centro. Obliga también a establecer límites claros: qué puede resolver un sistema de forma autónoma, cuándo debe pedir confirmación y en qué momento debe escalar de inmediato a una persona.
La automatización responsable no consiste en responder siempre. Consiste en saber cuándo no debe hacerlo.
El tiempo liberado no es un concepto abstracto
Una IA administrativa bien integrada puede gestionar confirmaciones, reprogramaciones o preguntas frecuentes 24h al día, dentro de un marco definido por el centro. Un copiloto clínico puede convertir una conversación en una nota estructurada y facilitar el trabajo posterior de documentación y codificación.
Eso no elimina la complejidad de la asistencia ni resuelve por sí solo una lista de espera quirúrgica. Sería irresponsable prometerlo.
Lo que sí puede hacer es reducir el volumen de tareas de bajo valor que compiten con la atención. Puede ayudar a que un equipo de admisiones dedique más tiempo a una excepción compleja y menos a una gestión repetida. Puede evitar que documentación necesaria se convierta en trabajo nocturno. Puede hacer que una persona encuentre una respuesta o una vía de contacto sin iniciar una nueva ronda de llamadas.
Y puede medirse. No con grandes afirmaciones, sino con indicadores concretos:
- Contactos resueltos y tiempo de respuesta
- Citas recuperadas tras una cancelación
- Llamadas atendidas y gestionadas
- Tareas administrativas descargadas
- Calidad de la documentación
- Incidencias escaladas correctamente
- Satisfacción de pacientes y equipos
La lista de espera que merece una conversación
Las listas oficiales son imprescindibles porque hacen visible un problema que no se puede banalizar. Pero una sanidad más accesible no se construye solo cuando baja un promedio de días. También se construye cuando el paciente no tiene que perseguir una respuesta, cuando una agenda aprovecha mejor su capacidad y cuando un profesional puede dedicar su atención a lo que requiere experiencia, empatía y decisión clínica.
No todo lo que importa en sanidad se mide todavía. Pero todo lo que hace esperar sin aportar valor merece ser revisado.
La medicina real no se mejora con una promesa genérica de IA. Se mejora identificando una fricción concreta, integrándose en la forma de trabajar del centro y demostrando que el tiempo recuperado vuelve a la atención. Ese es el punto de partida de Omniloy.
¿Qué espera de tu centro podríamos evitar mañana?
Fuentes
Ministerio de Sanidad. Sistema de Información sobre Listas de Espera en el Sistema Nacional de Salud (SISLE-SNS), situación a 31 de diciembre de 2025.
Página de publicación: sanidad.gob.es · Listas de espera
Informe de indicadores y metodología: LISTAS_PUBLICACION_Dic_2025.pdf
Nota editorial: los datos se presentan con la fecha de corte oficial y se refieren a los indicadores definidos por SISLE-SNS. No se extrapolan a otros tiempos de espera asistenciales.